Tienes 50 minutos.
Sobre el papel parece bastante.
Hasta que entran treinta alumnos, falta uno de los protagonistas, alguien no encuentra su guion, tienes que conectar el altavoz y pasan ocho minutos antes de empezar de verdad.
Entonces intentas aprovechar lo que queda.
Un poco de escena.
Un poco de canción.
Un poco de coreografía.
Dos notas sobre lo anterior.
Y al terminar tienes la sensación de haber trabajado mucho, pero de no haber avanzado demasiado.
El problema de un ensayo corto no es solamente cuánto dura.
Es cuánto de ese tiempo se convierte realmente en ensayo útil.
Y para mejorar eso hay una decisión que conviene tomar antes de que entre el primer alumno:
¿qué tiene que haber cambiado cuando terminen estos 50 minutos?
No “qué vamos a hacer”.
Qué tiene que haber cambiado.
1. No planifiques 50 minutos. Planifica un resultado
Hay una diferencia bastante grande entre escribir:
Ensayar escena 4.
Y escribir:
Conseguir que la entrada de los cinco personajes de la escena 4 salga completa sin detenernos.
La primera es una actividad.
La segunda tiene un final reconocible.
Lo mismo ocurre con una canción.
“Ensayar canción 3” puede ocupar toda la sesión y no decirte demasiado.
En cambio:
Aprender el estribillo y conseguir que las dos voces entren juntas sin ayuda.
te obliga a decidir qué merece tiempo y qué puede esperar.
Con solo 50 minutos, yo elegiría un objetivo principal.
Y, si todo avanza bien, un objetivo secundario.
No cinco.
La sensación de “hoy hemos tocado muchas cosas” no siempre significa que el musical haya avanzado.
2. Empieza a distinguir entre tiempo de reloj y tiempo útil
Puedes tener 50 minutos de clase y solo 27 de trabajo real.
El resto desaparece en pequeñas cosas:
— colocar al grupo;
— buscar una pista;
— repetir una explicación;
— llamar a alumnos que estaban hablando;
— recordar dónde estaba cada uno;
— esperar a quien todavía no participa;
— volver a colocar la escena después de cada parada.
Ese tiempo también forma parte del ensayo.
Por eso una pregunta útil al terminar no es:
“¿Hemos estado 50 minutos ensayando?”
sino:
“¿Cuántos minutos estuvieron realmente trabajando?”
No se trata de convertir el ensayo en una carrera.
Un grupo puede necesitar parar, probar, equivocarse y discutir una escena.
Eso también es trabajo.
Lo que interesa eliminar es otra cosa:
la espera sin propósito.
3. No intentes arreglar música, interpretación y movimiento al mismo tiempo
Esta es una de las trampas más fáciles de caer cuando ensayas un musical.
Empiezas una canción.
Un alumno entra tarde.
Paras.
Otro no recuerda la letra.
Paras.
La coreografía no coincide.
Paras.
Después intentas explicar qué quiere el personaje en esa frase.
Y a los quince minutos lleváis ocho compases.
Hay momentos en los que necesitas juntar todas las capas.
Pero no necesariamente desde el principio.
Si los alumnos todavía están intentando recordar notas, letra y ritmo, probablemente no sea el mejor momento para pedir además una interpretación compleja.
Primero puedes resolver suficientemente una capa.
Después otra.
Y finalmente integrarlas.
Por ejemplo:
Fase 1 — música
Entradas, notas, ritmo y letra suficientemente asentados.
Fase 2 — intención
¿Qué quiere conseguir el personaje? ¿A quién está hablando? ¿Qué cambia durante la canción?
Incluso puedes sacar temporalmente la música y hacer que digan el texto como si fuese una escena.
Fase 3 — volver a cantar
Recuperar la música intentando conservar lo descubierto durante el trabajo interpretativo.
Fase 4 — movimiento
Añadir blocking o coreografía cuando las capas anteriores ya permiten hacerlo sin que todo se derrumbe.
No siempre tendrás sesiones distintas para cada fase.
Pero sí puedes evitar intentar corregir cuatro problemas distintos en la misma pasada.
4. Ensaya fragmentos más pequeños de lo que te pide el guion
Una escena puede durar ocho minutos.
Eso no significa que tengas que ensayar los ocho minutos cada vez.
Puedes dividirla en subescenas.
Una entrada.
Una conversación entre tres personajes.
El momento en el que aparece el ensemble.
Una transición.
Los treinta segundos que siempre salen mal.
Esto tiene dos ventajas.
La primera es evidente: puedes repetir un problema concreto varias veces sin obligar al grupo a recorrer toda la escena.
La segunda es todavía más importante en un colegio:
no necesitas a todo el reparto para trabajar cada fragmento.
Si durante veinte minutos necesitas a cinco alumnos, piensa qué sentido tiene que los otros veinticinco estén sentados esperando.
A veces tendrán que estar todos.
Especialmente cuando integras escenas o haces un pase completo.
Pero no debería ser la situación automática de cada ensayo.
Y aquí aparece otra posibilidad: si dispones de espacio o de otro adulto que pueda supervisar, diferentes grupos pueden trabajar simultáneamente en música, movimiento o escena.
No siempre será posible.
Pero cuando lo sea, tus 50 minutos dejan de ser únicamente 50 minutos de trabajo.
Empiezas a tener trabajo paralelo.
5. No seas el disco duro del musical
Hay una pregunta que aparece constantemente durante un montaje:
“¿Dónde estaba yo?”
Y después:
“¿Entraba antes o después?”
“¿Aquí me sentaba?”
“¿Habíamos cambiado esto?”
Si todas las respuestas están únicamente en tu cabeza, cada una de esas preguntas te roba un pequeño trozo del ensayo.
Por eso merece la pena que alguien registre el blocking y los cambios.
Puede ser un alumno especialmente organizado que empiece a asumir funciones de stage manager.
Mientras tú diriges, esa persona anota:
- quién entra y sale;
- dónde se coloca cada personaje;
- qué cambios habéis decidido;
- props importantes;
- problemas que hay que revisar.
Así existe una fuente de referencia que no eres tú.
Con el tiempo, ese alumno puede asumir otras responsabilidades: apuntar texto cuando los actores dejan el guion, controlar determinados cambios o ayudar a organizar el backstage.
No es simplemente una forma de quitarte trabajo.
También convierte parte de la producción en aprendizaje real para alumnos que quizá no estén actuando en ese momento.
6. No conviertas los últimos diez minutos en una conferencia
Terminas un pase.
Hay muchas cosas que corregir.
Y empiezas:
“Muy bien, primero…”
Diez minutos después sigues hablando y los alumnos ya han olvidado la primera nota.
Que hayas detectado doce problemas no significa que tengas que corregir doce ahora.
Selecciona.
¿Qué dos o tres cambios producirían la mayor mejora en la siguiente pasada?
Una buena nota debería poder convertirse en una acción.
Mejor:
“En esta entrada espera a que Marta termine la frase y cruza directamente hacia la mesa.”
que:
“Esta parte tiene que tener más ritmo.”
Mejor:
“En el estribillo, mirad todos a Pablo antes de cantar la última frase.”
que:
“Tenemos que estar más conectados.”
Y si una nota necesita cinco minutos de explicación, quizá no sea una nota.
Quizá sea el trabajo del siguiente ensayo.
Entonces, ¿cómo podrían ser esos 50 minutos?
No existe una distribución perfecta.
Dependerá de si estás aprendiendo música, bloqueando una escena, montando una coreografía o acercándote al estreno.
Pero una estructura posible sería esta:
Minutos 0–5 · Entrar y activar
Nada de explicar durante diez minutos qué vais a hacer.
El grupo debe saber rápidamente cuál es el objetivo de hoy.
Si haces un calentamiento, que tenga alguna relación con lo que vas a trabajar después.
Si vas a trabajar ritmo, utiliza ritmo.
Si vais a trabajar escucha y reacción, calienta escucha y reacción.
El calentamiento no debería convertirse en otra clase independiente antes del ensayo.
Minutos 5–30 · El trabajo principal
Aquí debería estar la mayor parte de tu energía.
Una escena.
Un fragmento de canción.
Una sección de coreografía.
Un problema concreto.
Trabaja en trozos pequeños.
Repite.
Cambia algo.
Vuelve a probar.
Este es el bloque en el que realmente debería avanzar el objetivo que escribiste antes de empezar.
Minutos 30–42 · Integrar
Ahora prueba a conectar lo trabajado.
Si estabais trabajando fragmentos, júntalos.
Si estabais trabajando una canción sin movimiento, añade parte del blocking.
Si habéis montado una entrada, continúa algunos compases más para comprobar que funciona dentro de la escena.
Ya no estás aprendiendo necesariamente algo nuevo.
Estás comprobando si lo trabajado sobrevive cuando vuelve al musical.
Minutos 42–47 · Un pase con pocas interrupciones
Haz una pasada.
Aunque aparezcan pequeños errores.
Necesitas descubrir qué ocurre cuando el grupo deja de depender de tus interrupciones.
Apunta.
Observa.
Resiste la tentación de parar por cada detalle.
Minutos 47–50 · Tres notas y siguiente objetivo
No veinte.
Tres.
¿Qué ha funcionado?
¿Qué debe cambiar?
¿Con qué tienen que llegar preparados al siguiente ensayo?
Y deja decidido cuál será el próximo paso.
Eso evita empezar la siguiente sesión con:
“Bueno… a ver qué hacemos hoy.”
Tres ensayos de 50 minutos pueden parecer completamente distintos
La estructura anterior es una guía.
No una ley.
Si el día es principalmente musical
Puedes dedicar el bloque central a aprender una sección, limpiar entradas o trabajar voces.
Después integras esa música dentro de la escena.
Si el día es principalmente interpretativo
Puedes empezar aclarando objetivo y relaciones, trabajar una subescena varias veces y terminar con un pase más largo.
Si el día es de montaje
Puedes concentrarte en entradas, salidas, blocking, cambios y conexiones entre partes que ya están aprendidas.
La pregunta sigue siendo la misma en los tres casos:
¿qué tiene que haber mejorado cuando lleguemos al minuto 50?
Lo que yo intentaría evitar
Intentaría evitar especialmente tres cosas:
Empezar sin objetivo.
Porque entonces cualquier cosa parece trabajo.
Tener a todo el reparto esperando mientras trabajas continuamente con unos pocos.
Porque consume energía incluso aunque no consuma minutos del reloj.
Querer solucionar todos los problemas de una pasada.
Porque normalmente terminas sin solucionar ninguno del todo.
Un ensayo corto obliga a elegir.
Y eso no tiene por qué ser una desventaja.
A veces disponer de menos tiempo te obliga a dirigir mejor.
Y aquí los materiales sí importan
Hay otra parte del tiempo de ensayo que en realidad se decide antes de que lleguen los alumnos.
Si tienes que buscar pistas, preparar versiones de las canciones, inventar desde cero cada coreografía o resolver continuamente qué ocurre en producción, parte de tu energía ya llega gastada al aula.
Por eso, cuando elijas un musical, no mires solamente la historia o el número de personajes.
También merece la pena comprobar qué trabajo viene ya preparado y qué tendrás que crear tú.
Qué debería incluir un musical escolar listo para montar
En Kaikana intentamos que los materiales de cada musical reduzcan parte de esa preparación, aunque el contenido exacto cambia según el título.
Explorar los musicales de Kaikana
Porque en un ensayo de 50 minutos no puedes fabricar más tiempo.
Pero sí puedes conseguir que muchos más minutos sirvan para algo.
Luis
Kaikana Musicals