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7 juegos para romper el hielo en tu primera clase de teatro

Artículo del blog Luis · Kaikana Musicals
Grupo de alumnos actuando juntos sobre un escenario escolar durante una actividad teatral

La primera clase de teatro tiene algo curioso.

Tú quieres que hablen, se muevan, improvisen, escuchen al resto y pierdan la vergüenza.

Ellos muchas veces están pensando:

«Por favor, que no me haga salir solo delante de todos.»

Por eso yo no empezaría una primera sesión pidiendo grandes improvisaciones ni con una ronda eterna de:

«Me llamo Luis, tengo 13 años y mis hobbies son…»

Hay formas bastante menos incómodas de conseguir que un grupo empiece a conocerse.

Estos siete juegos necesitan poco o ningún material y permiten trabajar desde el primer día cosas que después vas a necesitar constantemente: escucha, atención, cuerpo, confianza y sensación de grupo.

1. El nombre en movimiento

Para qué sirve: aprender nombres y empezar a perder la vergüenza.
Tiempo: 5–10 minutos.
Material: ninguno.

Coloca al grupo en círculo.

Uno por uno, cada alumno dice su nombre y empieza esta frase:

«Me llamo Marta y me gusta…»

Pero no puede terminarla hablando.

Tiene que representar la actividad con mimo.

Marta hace que nada.

El resto intenta descubrir qué está haciendo.

No hace falta que la afición sea real. Si tienes alumnos especialmente tímidos, permitir que inventen cualquier actividad les quita bastante presión.

Lo interesante es que, durante los primeros minutos de clase, cada persona ya ha hecho una pequeña acción escénica delante del grupo sin sentir que le has pedido «actuar».

Y tú empiezas a descubrir bastante más que sus nombres.

2. Yo también

Para qué sirve: encontrar cosas en común y mezclar el grupo.
Tiempo: 5–10 minutos.
Material: ninguno.

Una persona dice algo verdadero sobre sí misma:

«Me gustan los videojuegos.»

Todos los que compartan eso pueden levantar la mano, dar un paso hacia delante o cambiar de sitio.

Después habla otra persona:

«Tengo un perro.»

«Toco un instrumento.»

«Me gusta bailar.»

«Me da vergüenza cantar solo.»

Al principio usaría frases sencillas y poco comprometidas.

El objetivo no es descubrir quién es diferente.

Es provocar muchas pequeñas situaciones de:

«Ah, tú también.»

Eso empieza a romper muy rápido algunos de los grupos cerrados que llegan formados de antemano.

3. Sigue la emoción

Para qué sirve: expresión corporal y desinhibición.
Tiempo: 5 minutos.
Material: ninguno.

Forma pequeños grupos.

Una persona empieza a caminar por el espacio sintiendo en secreto una emoción.

Puede ser miedo.

Entusiasmo.

Orgullo.

Sospecha.

O aburrimiento absoluto un lunes a primera hora.

Los demás tienen que seguirla e imitar su forma de moverse.

Después cambias de líder.

Al terminar, pregunta:

«¿Qué emoción creíais que estaba haciendo?»

Ya tienes una pequeña clase de interpretación corporal sin haber explicado todavía nada sobre interpretación corporal.

Porque enseguida descubren que una emoción modifica el ritmo, la postura, la mirada y hasta la cantidad de espacio que ocupamos.

4. Sincronía sin líder

Para qué sirve: escucha, atención y trabajo de ensemble.
Tiempo: 5–10 minutos.
Material: ninguno.

Todo el grupo empieza a caminar libremente.

Primero tienen que conseguir, poco a poco, una velocidad parecida.

Después llega la regla importante:

nadie dirige.

Sin hablar.

Sin hacer una cuenta atrás.

Sin acordar previamente quién decide.

El grupo tiene que conseguir pararse a la vez.

Después volver a caminar.

Cuando empiece a funcionar, puedes complicarlo:

acelerar;

ir a cámara lenta;

cambiar la forma de desplazarse;

sentarse y levantarse juntos.

La gracia del ejercicio no es descubrir al líder.

Es conseguir que deje de haberlo.

Poco a poco, 25 personas dejan de comportarse como 25 individuos completamente independientes y empiezan a percibir al grupo.

5. El espejo

Para qué sirve: concentración, observación y confianza.
Tiempo: 5–8 minutos.
Material: ninguno.

Coloca al alumnado por parejas, frente a frente.

Uno es la persona.

El otro, su reflejo.

El primero empieza a moverse lentamente y el compañero reproduce sus movimientos como si hubiese un espejo entre ambos.

Después intercambian los papeles.

Cuando ya lo dominan, añade una condición:

desde fuera no debería saberse quién dirige.

Eso obliga al líder a dejar de hacer cambios bruscos y al otro a observar de verdad.

Puedes pedir a algunas parejas que lo hagan delante de todos y preguntar:

«¿Quién estaba dirigiendo?»

Si el grupo duda, ha funcionado.

6. Grupos relámpago

Para qué sirve: mezclar al grupo y crear parejas o equipos rápidamente.
Tiempo: 5 minutos.
Material: ninguno.

Todo el mundo se mueve por el espacio.

Puedes ir cambiando la consigna:

camina como alguien que llega tarde;

como alguien importantísimo;

como si el suelo quemara;

como si atravesaras gelatina.

En cualquier momento dices:

«¡Tres!»

Y tienen que crear grupos de tres.

Después vuelven a caminar.

«¡Cinco!»

Nuevos grupos.

«¡Dos!»

Nueva pareja.

Yo pondría desde el principio una regla:

no vale quedarse cerca de los amigos esperando a que llegue el número adecuado.

En apenas cinco minutos cada alumno habrá tenido pequeños encuentros con un montón de personas distintas.

Y además te llevas un sistema estupendo para crear grupos durante el resto del curso sin perder cinco minutos negociando.

7. Contar hasta 10

Para qué sirve: escucha y concentración colectiva.
Tiempo: variable.
Material: ninguno.

El reto parece bastante absurdo:

el grupo tiene que contar del 1 al 10.

Pero no hay turnos.

Cualquier persona puede decir:

«Uno.»

Después otra:

«Dos.»

Y así sucesivamente.

Si dos personas hablan a la vez:

se vuelve al uno.

No pueden seguir el orden del círculo.

No pueden hacerse señales.

No pueden decidir previamente quién habla.

Al principio intentarán resolverlo deprisa.

Y probablemente fracasen bastante.

Después ocurre algo interesante.

Empiezan a esperar.

A escuchar.

A notar cuándo otra persona parece a punto de hablar.

Cuando finalmente lleguen a diez, pregunta:

«¿Qué ha cambiado entre el primer intento y éste?»

Normalmente aparecen palabras como:

escuchar;

esperar;

estar atentos;

no precipitarse;

notar al resto.

Es decir, prácticamente todo lo que necesitaremos después en escena.

No hagas los siete el primer día

Para una primera clase de teatro de 50–60 minutos yo elegiría solo tres.

Nombre en movimiento para conocerse.

Sigue la emoción para empezar a usar el cuerpo.

Y Sincronía sin líder o Contar hasta 10 para terminar trabajando como grupo.

El objetivo de la primera clase no debería ser demostrar cuántos juegos conoces.

Es conseguir que los alumnos pasen de:

«Espero no hacer el ridículo.»

a:

«Vale. Aquí podemos jugar.»

Para una primera sesión, eso ya es muchísimo.

¿Quieres seguir con improvisación?

Si el grupo ya se conoce y quieres empezar a trabajar improvisación, puedes probar también estos juegos de improvisación teatral para niños.

¿Y después de romper el hielo?

Romper el hielo es solamente el principio.

Cuando empiezas a pensar en montar un espectáculo aparecen otras preguntas:

¿Cuántos alumnos tengo?

¿Cuántos personajes necesito?

¿Quién quiere cantar solo?

¿Cuánto tiempo tenemos para ensayar?

¿Qué puedo montar realmente con este grupo?

En Kaikana Musicals creamos musicales escolares para grupos de alumnos, con información sobre edades, reparto y materiales que puedes consultar antes de decidir.

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Porque no necesitas encontrar el musical que más te guste.

Necesitas encontrar el que puedas hacer funcionar con el grupo que tienes delante.

Luis
Kaikana Musicals